Qué esconden las grandes esferas blancas de los aeropuertos
Las grandes esferas blancas que vemos cerca de algunos aeropuertos no son radares por sí mismas. Son radomos: estructuras diseñadas para proteger las antenas sin impedir el paso de sus señales.

Quienes visitan con frecuencia los alrededores de un aeropuerto probablemente hayan visto alguna vez una gran esfera blanca instalada sobre una torre o en lo alto de una colina.
Por su forma, puede recordar a una enorme pelota de golf. También puede confundirse con un depósito, una instalación meteorológica o algún tipo de antena especial.
En realidad, esa esfera se llama radomo.
El radomo no es el radar. Es la estructura que protege la antena y los equipos instalados en su interior, permitiendo al mismo tiempo que las ondas electromagnéticas puedan atravesarla con la menor alteración posible.
Estas construcciones forman parte del paisaje de numerosos aeropuertos y centros de vigilancia aérea. También podemos encontrarlas en instalaciones meteorológicas, bases militares, barcos, estaciones terrestres y en el morro de muchos aviones.
De dónde procede la palabra radomo
El término procede de la combinación de las palabras inglesas radar y dome, que significa cúpula.
Su función principal es relativamente sencilla de explicar: crear una cubierta resistente a la intemperie alrededor de una antena sin bloquear las señales que esta necesita emitir y recibir.
La antena puede encontrarse girando continuamente dentro de la esfera, aunque desde el exterior no veamos ningún movimiento.
ENAIRE señala que el radomo protege la antena frente a fenómenos como la lluvia, la nieve, el granizo y el viento. También crea un entorno más seguro para los técnicos que realizan tareas de mantenimiento en instalaciones elevadas.
Por qué una antena de radar necesita protección
Las antenas de algunos radares de vigilancia pueden tener dimensiones considerables. Deben girar a una velocidad estable y mantener una orientación muy precisa durante largos periodos.
Si la antena estuviera expuesta directamente al exterior, tendría que soportar constantemente:
Viento.
Lluvia y granizo.
Nieve y formación de hielo.
Polvo y suciedad.
Cambios de temperatura.
Radiación solar.
Corrosión y humedad.
El viento puede ejercer una fuerza importante sobre una antena de gran superficie. Además de someter a esfuerzo la estructura y el mecanismo giratorio, podría afectar a la estabilidad de su rotación.
La acumulación de hielo, polvo o agua también podría alterar su funcionamiento o incrementar las necesidades de mantenimiento.
Dentro del radomo, la antena trabaja en un entorno mucho más protegido y controlado. Esto facilita que pueda seguir funcionando incluso cuando las condiciones meteorológicas exteriores son desfavorables.
Cómo atraviesa la señal una estructura cerrada
El radar funciona transmitiendo y recibiendo energía electromagnética. Por tanto, no bastaría con encerrar la antena dentro de una construcción convencional de metal, hormigón o vidrio.
El radomo debe ser lo suficientemente resistente para soportar la meteorología, pero también debe resultar prácticamente transparente para las frecuencias utilizadas por la antena.
Para conseguirlo se emplean materiales compuestos y paneles diseñados específicamente para reducir la pérdida de señal.
El grosor, la forma y la unión entre los paneles no se eligen únicamente por motivos arquitectónicos. También influyen en cómo atraviesan la estructura las ondas de radio.
Un radomo mal diseñado o deteriorado podría:
Atenuar la señal.
Reflejar una parte de la energía hacia el interior.
Deformar el haz de la antena.
Generar pequeñas diferencias en la dirección aparente de una detección.
Reducir las prestaciones del sistema.
Por eso el radomo no es simplemente una cubierta protectora añadida alrededor del radar. Forma parte del conjunto técnico y debe ser compatible con la antena que alberga.
Por qué tienen esa forma esférica
La forma redondeada ayuda a distribuir de manera uniforme las cargas producidas por el viento.
Una superficie esférica no presenta una gran pared plana contra la corriente de aire y soporta mejor los esfuerzos procedentes de diferentes direcciones.
Además, la esfera proporciona suficiente espacio para que una antena de gran tamaño pueda girar libremente en su interior.
Muchos radomos se construyen mediante numerosos paneles geométricos unidos entre sí. Esa estructura permite formar una envolvente grande y relativamente ligera sin recurrir a una única pieza.
Las líneas que se observan desde el exterior son precisamente las uniones entre esos paneles.
Qué puede haber dentro de un radomo
La esfera no revela por sí sola qué tipo de equipo protege.
En su interior puede haber:
Un radar primario de vigilancia.
Un radar secundario.
Una combinación de radar primario y secundario.
Un radar meteorológico.
Una antena de comunicaciones.
Otros sensores civiles o militares.
En los aeropuertos, una de las configuraciones más habituales combina sistemas de vigilancia primaria y secundaria.
El radar primario emite pulsos y detecta la pequeña parte de la señal que rebota al alcanzar un objeto. Puede advertir la presencia de una aeronave sin que esta tenga que transmitir ninguna respuesta.
El radar secundario envía interrogaciones a los transpondedores de los aviones. La aeronave responde activamente con información como su identificación y altitud, dependiendo del modo y del equipamiento disponible.
EUROCONTROL explica que el control aéreo moderno utiliza principalmente vigilancia secundaria y Modo S para recibir información identificativa y datos adicionales de los vuelos. No obstante, la vigilancia primaria conserva su valor porque puede detectar objetivos que no están transmitiendo mediante un transpondedor.
La diferencia entre ambos sistemas será uno de los temas de las siguientes entregas de esta serie.
¿Todos los radares tienen radomo?
No. Es posible encontrar grandes antenas giratorias completamente expuestas al exterior.
La necesidad de instalar un radomo depende de factores como:
El tipo y tamaño de la antena.
La climatología del emplazamiento.
La intensidad habitual del viento.
Las frecuencias utilizadas.
Las necesidades de mantenimiento.
El coste de la instalación.
El diseño estructural del radar.
Algunas antenas están construidas para soportar directamente las condiciones exteriores. En otros casos, el tamaño que necesitaría el radomo, sus posibles efectos sobre la señal o el coste de mantenimiento pueden hacer que no resulte conveniente instalarlo.
Por tanto, un radar sin esfera no es necesariamente menos moderno ni menos preciso. Simplemente utiliza otra solución de protección y funcionamiento.
No todas las esferas blancas son iguales
Desde lejos, diferentes radomos pueden parecer prácticamente idénticos. Sin embargo, pueden proteger sistemas con funciones muy distintas.
Un radar de vigilancia aérea está diseñado para detectar y seguir aeronaves.
Un radar meteorológico analiza los ecos procedentes de lluvia, nieve o granizo para estimar la intensidad y el movimiento de las precipitaciones.
También existen radomos que protegen antenas de comunicación por satélite o sistemas militares.
La forma exterior no permite identificar con seguridad lo que hay dentro. Para hacerlo es necesario conocer la instalación, su función publicada y el organismo responsable.
Los radomos próximos a Madrid-Barajas
En los alrededores de Madrid-Barajas pueden observarse varias de estas grandes estructuras blancas.
Algunas forman parte de los sistemas de vigilancia que prestan servicio al aeropuerto y al espacio aéreo de Madrid. Una de ellas está situada dentro del propio recinto aeroportuario, mientras que otras instalaciones se encuentran en la zona de Paracuellos de Jarama.
En marzo de 2026, ENAIRE anunció la renovación de la antena, el pedestal y el radomo de uno de los radares que prestan servicio a Barajas. La instalación es especialmente relevante para la vigilancia de las aproximaciones paralelas del aeropuerto.
Pero Madrid-Barajas no depende de una única esfera ni de un solo sensor.
En la siguiente entrega del Hangar veremos cuáles son los principales radares que prestan servicio al aeropuerto, por qué están situados en diferentes emplazamientos y cómo se complementan para proporcionar una vigilancia redundante.
Una cubierta sencilla para un sistema complejo
El radomo es posiblemente la parte más visible de una instalación radar, pero también es la que menos nos cuenta sobre lo que sucede en su interior.
Bajo esa esfera puede haber una antena girando continuamente, transmitiendo señales, recibiendo ecos y enviando información a los sistemas utilizados para gestionar el tráfico aéreo.
Su función puede parecer secundaria, pero sin una cubierta adecuada la antena quedaría más expuesta a la meteorología, sufriría mayores esfuerzos y requeriría un mantenimiento más complejo.
La próxima vez que veamos una de estas grandes esferas cerca de un aeropuerto, ya sabremos que no estamos observando el radar propiamente dicho.
Estamos viendo la estructura que permite que un sistema extremadamente sensible pueda seguir trabajando, vuelta tras vuelta, protegido del mundo exterior.
Fuentes
Sobre la autoría
WNGLTS es la voz editorial del canal, desde la que compartimos artículos sobre aviación, plane spotting, Madrid-Barajas y todo lo que ocurre alrededor de nuestros directos.
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