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Cómo hacemos un directo de WNGLTS: la tecnología invisible detrás de tres horas mirando al cielo

Una cámara, un trípode y aviones pasando. Por fuera parece sencillo. Por dentro, cada directo significa levantar un pequeño entorno de producción al aire libre, sostener la conexión durante horas, alimentarlo todo y conseguir que la información aparezca sola en pantalla. Os lo contamos desde dentro, sin tecnicismos innecesarios.

31 de agosto de 202616 min de lectura4PorWNGLTS
Cómo hacemos un directo de WNGLTS: la tecnología invisible detrás de tres horas mirando al cielo
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Desde fuera puede parecer sencillo: una cámara, un trípode, una conexión a Internet y aviones pasando por delante.

Y en cierto modo debería parecerlo. Si al conectaros a un directo lo único que percibís es un avión apareciendo entre la calima, el sonido de los motores subiendo y una imagen estable, significa que todo lo demás está haciendo bien su trabajo.

Porque hay bastante "todo lo demás".

Cada emisión de WNGLTS supone desplegar temporalmente un pequeño entorno de producción audiovisual, establecer comunicaciones, comprobar la estabilidad de la conexión, preparar vídeo y sonido, levantar nuestros sistemas de información y asegurarnos de que ese conjunto puede mantenerse funcionando durante varias horas seguidas.

Y, además, hacerlo al aire libre. Con viento, con calor, con frío, con la luz cambiando y, muchas veces, sin la posibilidad de decir "paramos un momento".

En este artículo queremos abrir el capó y enseñaros cómo se construye técnicamente un directo. No vamos a entrar en modelos concretos de equipos, operadores de telecomunicaciones ni ubicaciones exactas, porque parte de eso forma parte de nuestra operativa y preferimos mantenerlo en casa. Pero sí en algo que nos parece mucho más interesante: cómo encajan las piezas para que la imagen llegue hasta vuestra pantalla.

Diagrama sobre cómo funciona WNGLTS

Un directo empieza mucho antes del botón rojo

La primera decisión importante no tiene nada que ver con la tecnología. Tiene que ver con el aire.

Antes de cada emisión miramos cómo está previsto que funcione el aeropuerto: qué configuración de pistas se espera, cómo viene el viento, dónde va a estar el sol a cada hora, qué tipo de tráfico es probable que veamos y qué franja horaria tiene más sentido.

Madrid-Barajas es un entorno enorme y con mucha personalidad. Una posición fantástica para observar determinadas aproximaciones puede volverse mucho menos interesante si cambia la configuración operativa. Y un punto que funciona perfectamente a media tarde puede convertirse en un problema cuando el sol empieza a caer justo por donde nos interesaba mirar.

Ninguna de esas variables está bajo nuestro control. Lo único que podemos hacer es leerlas bien y adaptarnos.

Por eso, antes de salir, dedicamos un rato a decidir qué configuración tiene más sentido para esa emisión concreta. A veces la conclusión es "hoy no". Y esa también es una decisión técnica.

En paralelo va preparándose otra parte del directo, la que ocurre delante de un teclado: el evento en YouTube, el título, la descripción, la miniatura, la información que van a utilizar nuestros sistemas y los elementos gráficos que aparecerán durante la retransmisión.

Cuando llegamos al punto de emisión, buena parte del directo ya está montada. Pero todavía queda levantar todo lo demás.

Un pequeño estudio de televisión que viaja con nosotros

No tenemos una instalación permanente. No hay una caseta con equipos esperándonos ni un rack encendido junto a las pistas. Todo lo que utilizamos llega con nosotros y se marcha con nosotros.

Eso condiciona absolutamente todas las decisiones técnicas que tomamos.

Cada elemento tiene que cumplir tres condiciones simultáneas: hacer bien su trabajo, poder transportarse y poder montarse y desmontarse en un tiempo razonable. Un equipo excelente que tarda una hora en estar operativo no nos sirve. Un equipo ligero que se cae con la primera racha de viento, tampoco.

El resultado es un sistema pensado para desplegarse rápido: cámara, soportes, sistema de producción, audio, comunicaciones, alimentación, cableado y una cantidad sorprendente de elementos auxiliares que nunca aparecen en pantalla pero sin los cuales no habría emisión.

También hay una parte poco glamurosa: la organización. Saber exactamente qué va en cada bolsa, en qué orden se monta cada cosa y qué se conecta a qué no es una manía, es lo que permite que un montaje sea reproducible. En un entorno donde la luz se va, el viento aprieta y el tráfico no espera, la memoria muscular vale tanto como el equipo.

Seguir un avión no es como grabar un plano fijo

La cámara principal ocupa, lógicamente, la posición central del despliegue. Y en spotting se enfrenta a una dificultad que no existe en la mayoría de retransmisiones: el sujeto se mueve rápido, está lejos y aparece desde direcciones distintas.

No podemos preparar tranquilamente un encuadre y esperar a que algo suceda dentro de él. Aquí el encuadre se construye mientras el avión ya está en movimiento.

Durante un aterrizaje podemos empezar siguiendo un aparato que todavía está a varios kilómetros, mantenerlo durante toda la aproximación, acompañarlo hasta el contacto con la pista y continuar durante la deceleración y el rodaje. En un despegue ocurre justo lo contrario: comenzamos relativamente cerca, con la carrera de despegue llenando el cuadro, y terminamos siguiendo un objeto que se aleja a gran velocidad.

Cámara, óptica, soporte y operador forman por tanto un único sistema. Si una de esas cuatro piezas falla, se nota inmediatamente.

Hay un detalle que suele sorprender a quien no ha trabajado con focales largas: los errores se multiplican. Un movimiento mínimo, prácticamente imperceptible en un plano abierto, se convierte en un temblor evidente cuando estamos trabajando con mucho zoom. La estabilidad mecánica y la suavidad de los movimientos importan tanto como la calidad de imagen del sensor.

Por eso, cuando veis un seguimiento limpio de un avión entrando en pista, ahí hay tecnología, pero también hay bastantes horas de oficio.

De la cámara a la realización

La señal de vídeo no viaja directamente desde la cámara hasta YouTube. Primero pasa por nuestro sistema de producción en campo.

Podéis imaginarlo como una pequeña realización portátil. Es el punto donde se reúnen la imagen, el audio y el resto de elementos antes de construir la señal definitiva que enviamos a Internet.

Tener esa capa intermedia nos da tres cosas que consideramos imprescindibles: control sobre lo que sale, visibilidad del estado de cada fuente y capacidad de reaccionar sin tocar la cámara. Si algo empieza a comportarse de forma extraña, podemos verlo antes de que llegue a vuestra pantalla.

WNGLTS emite habitualmente en 4K, y eso añade una capa de complejidad importante.

Una señal de esa resolución contiene muchísima más información que una emisión convencional. Y el spotting es, además, uno de los contenidos más exigentes que existen para un códec de vídeo: hay movimiento rápido, detalles pequeños a mucha distancia, fondos complejos y, con frecuencia, cielos con degradados suaves donde cualquier compresión agresiva se nota en seguida.

Para mantener una imagen razonablemente limpia necesitamos generar un flujo de vídeo exigente y, sobre todo, mantenerlo de forma constante durante horas.

Y ahí aparece nuestro mayor desafío. No es la cámara. No es el códec.

Es Internet.

El problema de emitir desde un sitio donde no hay Internet

En un estudio contratas una conexión fija y prácticamente te olvidas de ella. Nosotros no tenemos esa posibilidad: emitimos desde donde están los aviones, no desde donde está la fibra.

Nuestra conectividad depende de redes inalámbricas, y una red inalámbrica no se comporta como una conexión fija.

La cobertura que aparece en la pantalla de un móvil es solo una parte de la historia, y probablemente la menos relevante para nosotros. Para una retransmisión necesitamos algo bastante más difícil: capacidad de subida estable y sostenida durante horas.

Son dos conceptos distintos que se confunden constantemente. Una prueba de velocidad puntual puede dar un resultado excelente y, veinte minutos después, la situación puede ser completamente distinta. La congestión de la red, el número de usuarios conectados a la misma zona, las condiciones radioeléctricas del momento o incluso un cambio pequeño en nuestra posición pueden modificar el rendimiento.

Cuando estás enviando vídeo de alta resolución de forma continua, una caída prolongada de la capacidad de subida no es un inconveniente menor: puede provocar pérdida de calidad, congelaciones, artefactos o directamente la caída de la emisión.

Por eso las comunicaciones son, para nosotros, una parte crítica del despliegue y no un accesorio. Antes de empezar hacemos pruebas y monitorizamos el comportamiento de la conexión, y la arquitectura está pensada para que existan alternativas si la vía principal deja de ofrecer las condiciones necesarias.

También asumimos algo que quizá no sea evidente: en determinadas situaciones preferimos rebajar las exigencias de la emisión antes que arriesgarnos a perderla.

Porque en streaming hay una regla bastante sencilla. Una imagen espectacular que no consigue llegar al espectador no sirve de nada.

Un directo estable a menor calidad siempre gana a un directo perfecto que se cae a los veinte minutos.

El sonido también es el aeropuerto

Es una de las preguntas que más nos hacéis: por qué no se escuchan las comunicaciones entre la torre y los aviones, como sí ocurre en canales de otros países.

La respuesta es sencilla y no tiene nada que ver con nuestras preferencias: en España la normativa no permite retransmitir comunicaciones aeronáuticas. No son emisiones dirigidas al público general, y difundirlas está fuera de lo que la ley contempla. En otros países, Estados Unidos es el ejemplo más conocido, el marco legal es distinto y por eso veis canales que sí las incorporan.

Así que lo que escucháis en un directo de WNGLTS es el sonido real del lugar: motores, reversas, viento, rodajes y el ambiente que existe alrededor de nosotros en ese momento.

Con el tiempo hemos acabado convencidos de que es mejor así. Ese ambiente es, en buena medida, lo que hace que un directo de spotting se sienta como estar allí. Pero capturarlo bien no es trivial. Los aviones pueden estar muy lejos, mientras que otros sonidos están mucho más cerca. Trabajamos en exterior, donde el viento se convierte rápidamente en el peor enemigo de cualquier micrófono. Y el rango dinámico es enorme: podemos pasar de un silencio casi total a la potencia de unos motores acelerando en cuestión de segundos.

El objetivo del tratamiento de audio es buscar un equilibrio: acercaros al avión sin que el resultado suene artificial. Que se note la diferencia entre un aparato que todavía está lejos y otro que pasa justo por encima. Que el sonido acompañe a la imagen en lugar de competir con ella.

Y hay un detalle que solo se nota cuando falla: imagen y sonido tienen que permanecer sincronizados a lo largo de toda la cadena. Desde que el avión pasa delante de nosotros hasta que aparece en vuestra pantalla, ambos han recorrido varios sistemas distintos. Que lleguen juntos al final es una de esas cosas que nadie aplaude, pero que todo el mundo detecta al instante cuando se rompe.

La información que veis en pantalla no sale de la cámara

Uno de los elementos que más ha evolucionado en WNGLTS durante los últimos meses es la capa de información.

Cuando aparece un dato relacionado con un vuelo, información meteorológica o un aviso del canal, ese elemento no lo está generando la cámara. Detrás hay otra infraestructura completamente distinta.

WNGLTS dispone de servicios propios que obtienen, procesan y presentan información procedente de diferentes fuentes. Buena parte de nuestra gráfica funciona, de hecho, con tecnologías muy parecidas a las que encontraríais detrás de cualquier aplicación web moderna.

Nos gusta explicarlo separando el directo en dos mundos.

Por un lado está el entorno audiovisual, que captura y produce: cámara, audio, realización, codificación, emisión.

Por otro está el entorno de datos, que prepara la información que queremos mostrar: recibe, filtra, normaliza y transforma.

Los dos mundos se encuentran en la realización, donde el resultado del segundo se incorpora como una capa gráfica sobre el vídeo del primero.

Esta separación tiene una ventaja enorme, y es la razón por la que la información en pantalla ha cambiado tanto en poco tiempo: podemos desarrollar funciones nuevas sin tocar la cámara ni sustituir el sistema de producción. Si queremos modificar cómo se muestra un dato, crear una tarjeta informativa nueva o añadir una funcionalidad, gran parte del trabajo se hace en software y puede probarse tranquilamente en casa antes de llevarlo a un directo.

Seguirá cambiando. Es probablemente la parte del proyecto que más margen de crecimiento tiene.

Cuando el aeropuerto se convierte en datos

Existe una diferencia importante entre saber que se acerca un avión y convertir ese acontecimiento en información que un sistema pueda utilizar.

Los datos que manejamos pueden venir de orígenes distintos, no siempre con el mismo formato, no siempre con la misma frecuencia de actualización y no siempre con la misma fiabilidad. Eso último es clave: en directo, mostrar un dato incorrecto es peor que no mostrar nada.

Nuestro backend actúa como intermediario. Recibe la información, selecciona lo que realmente necesitamos, la procesa y ofrece al entorno gráfico únicamente lo que va a utilizarse en pantalla.

Así evitamos que cada elemento gráfico tenga que hablar directamente con múltiples servicios externos, y ganamos algo muy valioso durante una emisión: un único punto donde mirar cuando algo no cuadra.

Simplificando mucho, el recorrido sería algo parecido a esto:

fuentes de datos → servicios de WNGLTS → procesamiento → interfaz gráfica → realización → directo

Esa separación también nos permite seguir construyendo. El mismo ecosistema puede alimentar en el futuro partes de wnglts.live, herramientas internas, nuevas funciones del directo u otros proyectos.

Lo que empezó siendo "poner información encima del vídeo" se está convirtiendo, poco a poco, en una pequeña plataforma.

La comprobación previa: mirar lo que ve el espectador

Cuando vídeo, audio, datos, gráficos, comunicaciones y alimentación están listos llega uno de los momentos más importantes de todo el proceso, y también uno de los menos vistosos: comprobar el sistema completo.

Revisamos señal de cámara, encuadre, audio, conectividad, gráficos y estado de la emisión. Y comprobamos algo que puede parecer obvio pero que resulta esencial: qué está recibiendo realmente el espectador.

Porque nuestra salida local puede estar funcionando perfectamente y existir un problema en cualquier punto posterior de la cadena. Mirar solo la pantalla de la realización es una forma bastante eficaz de tener un problema sin enterarte.

Por eso, durante la emisión, no estamos únicamente mirando aviones. También hay una supervisión técnica continua: estado de la transmisión, estabilidad de la red, comportamiento del vídeo, audio, plataforma.

Mientras alguien sigue con la cámara un aparato que acaba de iniciar la carrera de despegue, hay sistemas trabajando en segundo plano para que vosotros podáis verlo unos segundos después.

El enemigo silencioso: la energía

Hay algo más que necesitamos y que en mitad del campo no sale precisamente de un enchufe.

Cámaras, sistema de producción, comunicaciones y el resto de elementos consumen electricidad de forma continua durante varias horas. La autonomía no es un detalle de última hora: es una de las restricciones que condiciona el diseño completo del despliegue.

Y no basta con calcular cuánto dura una batería en condiciones ideales, porque las condiciones ideales no existen. Hay que mantener margen, contemplar consumos distintos y poder sustituir o alimentar determinados componentes sin interrumpir la emisión. Una batería que se agota es un problema. Una batería que se agota justo cuando entra el tráfico interesante es una historia que se cuenta durante meses.

También hay una cuenta que sale peor de lo que parece: una retransmisión de tres horas implica bastante más de tres horas de funcionamiento. El montaje empieza antes, las pruebas consumen energía y el sistema tiene que estar completamente operativo antes de que aparezca la cuenta atrás.

El directo empieza y nada se queda quieto

Cuando finalmente pulsamos el botón, empieza la parte que veis. Pero técnicamente el trabajo no se detiene, más bien al contrario.

Durante las horas siguientes las condiciones pueden cambiar por completo. Puede variar la luz. Puede levantarse viento. Puede cambiar la configuración del aeropuerto y dejar de entrar tráfico por donde estábamos mirando. Puede degradarse la conexión. Puede fallar una fuente de datos. Puede ser necesario reencuadrar o reorganizar algún elemento de la producción.

Y todo eso hay que resolverlo intentando que os afecte lo mínimo posible.

Esa es probablemente la diferencia más grande entre producir un vídeo y producir un directo.

En un vídeo puedes parar, repetir, corregir y volver a montar. En directo, todo ocurre mientras estáis mirando. El error, si aparece, aparece con público delante.

Es también, sinceramente, buena parte de lo que hace que esto enganche.

¿Cuánto tarda realmente una imagen en llegar hasta vosotros?

Cuando vemos un avión pasar por encima y leemos casi al instante un comentario vuestro hablando de ese mismo avión, en realidad estamos mirando dos momentos ligeramente distintos.

Existe latencia. Siempre.

La cámara captura la imagen y la convierte en señal. El sistema de producción la procesa y la codifica. Después se fragmenta en datos que atraviesan una red inalámbrica, recorren distintas redes de Internet, llegan a la infraestructura de la plataforma, vuelven a procesarse allí y finalmente se distribuyen hasta vuestro televisor, ordenador o teléfono.

Todo eso ocurre en cuestión de segundos.

Cuando uno se para a pensarlo, sigue resultando bastante increíble. Un avión puede estar despegando de Madrid mientras su imagen está siendo codificada a cierta distancia de la pista, enviada por radio hasta una antena, transportada por Internet y redistribuida simultáneamente a espectadores que pueden estar a unos kilómetros de allí o a miles.

Cada segundo de latencia es, en realidad, un montón de trabajo sucediendo muy rápido.

Y al terminar, hay que desmontar el estudio

Cuando acaba el directo, desaparece todo.

Apagamos la emisión, recogemos cámara y soportes, comunicaciones, alimentación, audio, cableado y sistemas de producción. El pequeño estudio que hemos construido durante unas horas vuelve a convertirse en un conjunto de bolsas y maletas, y el sitio queda exactamente como estaba.

Pero la infraestructura digital permanece.

Servidores, servicios web, automatizaciones y herramientas internas siguen funcionando, procesando y preparando el terreno para la próxima emisión. Esa parte no se desmonta nunca.

Porque WNGLTS es cada vez menos una cámara conectada a YouTube y cada vez más un pequeño ecosistema tecnológico construido alrededor de la aviación en directo.

Lo que viene después

Buena parte de la evolución del proyecto está ocurriendo precisamente detrás de la cámara.

Estamos trabajando en mejorar la redundancia de las comunicaciones, ampliar las posibilidades de producción, seguir desarrollando la información en pantalla y conseguir que nuestros sistemas sean cada vez más autónomos y automatizados.

Algunas mejoras serán evidentes desde el primer directo. Otras probablemente no las notaréis nunca.

Y, paradójicamente, esas últimas suelen ser las que mejor han funcionado. Porque cuando toda esta tecnología hace bien su trabajo, lo que tiene que hacer es desaparecer.

Al final, lo que buscamos es algo muy sencillo: que os sentéis delante de una pantalla, escuchéis cómo suben los motores, veáis aparecer un avión entre la calima y, durante unos minutos, tengáis la sensación de estar allí con nosotros.

Todo lo demás —cámaras, redes, servidores, código, gráficos, baterías, protocolos y una cantidad indecente de megabits viajando por Internet— está simplemente trabajando para conseguirlo.

¡Nos vemos en el próximo directo!

Sobre la autoría

Editor

WNGLTS es la voz editorial del canal, desde la que compartimos artículos sobre aviación, plane spotting, Madrid-Barajas y todo lo que ocurre alrededor de nuestros directos.

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