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Análisis

Madrid-Barajas prepara su próxima gran transformación

Madrid-Barajas se acerca al límite para el que fue diseñada su actual configuración. Su próxima ampliación transformará las terminales T4 y T4S, renovará el complejo T1-T2-T3 y preparará el aeropuerto para recibir más pasajeros sin construir nuevas pistas.

23 de julio de 20269 min de lecturaPorWNGLTS
Madrid-Barajas prepara su próxima gran transformación
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Dos décadas después de la inauguración de la Terminal 4, el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas se prepara para afrontar otra de las mayores transformaciones de su historia.

Esta vez no se trata de levantar un aeropuerto prácticamente nuevo, como ocurrió con la construcción de la T4, la T4 Satélite y dos pistas adicionales. El próximo gran proyecto de Barajas buscará aprovechar mejor las cuatro pistas existentes, ampliar las terminales y reorganizar buena parte de los espacios por los que pasan pasajeros, equipajes y aeronaves.

El objetivo es relativamente sencillo de explicar, aunque muy complejo de ejecutar: permitir que el aeropuerto siga creciendo sin que sus terminales, plataformas y accesos se conviertan en un cuello de botella.

Un aeropuerto cada vez más cerca de su capacidad actual

Madrid-Barajas cerró 2025 con 68.179.054 pasajeros, el mayor registro anual de su historia. También gestionó 430.616 movimientos de aeronaves y más de 840.000 toneladas de mercancías. Cerca de 51,4 millones de sus viajeros utilizaron vuelos internacionales, lo que confirma su papel como principal puerta aérea de España y como gran centro de conexión entre Europa y América Latina.

La cifra resulta especialmente significativa porque las obras inauguradas en 2006 elevaron la capacidad teórica del aeropuerto desde aproximadamente 35 hasta 70 millones de pasajeros al año. Aquella ampliación permitió también alcanzar una capacidad de hasta 120 operaciones por hora gracias a la configuración de cuatro pistas.

Esto no significa que Barajas vaya a quedarse bloqueado cuando supere exactamente los 70 millones. La capacidad de un aeropuerto no funciona como un contador que se detiene al alcanzar una cifra concreta. Depende de factores como la distribución de los vuelos durante el día, el tamaño de los aviones, los tiempos de conexión, el funcionamiento de los controles o la disponibilidad de puertas de embarque.

Sin embargo, los récords recientes muestran que algunas zonas se encuentran cada vez más tensionadas. La ampliación pretende adelantarse a ese problema antes de que el crecimiento del tráfico afecte de manera permanente a la comodidad de los pasajeros o a la puntualidad de las operaciones.

No habrá nuevas pistas

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es lo que no se va a construir.

La ampliación no contempla una quinta pista. AENA considera que las cuatro pistas actuales ofrecen capacidad suficiente para atender la demanda futura y que las principales limitaciones se encuentran en las terminales, las plataformas de estacionamiento y los procesos internos del aeropuerto.

El planteamiento es, por tanto, distinto al de la gran ampliación de comienzos de siglo. En aquella ocasión fue necesario aumentar tanto el espacio disponible para pasajeros como la capacidad del campo de vuelo. Ahora se pretende sacar más partido de la infraestructura existente.

Esto tampoco significa que la zona de operaciones quede intacta. Se ampliarán y reorganizarán plataformas, se crearán nuevas posiciones de estacionamiento y se adaptarán calles de servicio alrededor de las terminales. Lo que no cambiará será el número de pistas.

Cómo cambiarán la T4 y la T4 Satélite

La ampliación más visible afectará al complejo formado por la T4 y la T4S.

La T4 es el gran edificio en el que se realizan procesos como la facturación, los controles de seguridad, la recogida de equipajes y parte del embarque. La T4S, situada entre las pistas y conectada con la terminal principal mediante un tren automático subterráneo, concentra buena parte de los vuelos internacionales y de largo radio.

El proyecto sometido a información pública en enero de 2026 divide la actuación en once grandes bloques. Entre ellos figuran la ampliación y remodelación de los edificios centrales de T4 y T4S, el crecimiento de sus diques norte, nuevas plataformas de estacionamiento y la extensión del dique sur de la terminal satélite para incorporar tres posiciones de contacto adicionales.

Una posición de contacto es aquella en la que el avión estaciona junto al edificio y los pasajeros pueden embarcar mediante una pasarela telescópica. Contar con más posiciones de este tipo reduce la necesidad de trasladar viajeros en autobús hasta aeronaves estacionadas en zonas remotas.

También está prevista una nueva zona destinada a la aviación regional y una reconfiguración de la plataforma sur de la T4. Esto permitirá organizar mejor los vuelos operados por aviones pequeños, que tienen necesidades diferentes a las de los grandes aparatos intercontinentales.

El proyecto incluye además nuevas instalaciones térmicas y eléctricas. Son elementos poco visibles para el pasajero, pero imprescindibles: una terminal ampliada necesita más capacidad de climatización, suministro eléctrico, tratamiento de equipajes y sistemas de seguridad.

En términos sencillos, la T4 y la T4S no recibirán únicamente una extensión exterior. Buena parte de sus espacios y sistemas internos tendrá que ser reorganizada para procesar más viajeros y vuelos.

La transformación de T1, T2 y T3

El otro gran frente se encuentra en las terminales históricas de Barajas.

Aena plantea construir un nuevo edificio procesador frente al conjunto T1-T2-T3. En el lenguaje aeroportuario, un procesador es el edificio donde se concentran funciones como facturación, controles de seguridad, gestión de equipajes, llegadas y distribución de pasajeros hacia las zonas de embarque.

No será necesariamente una nueva terminal independiente con una identidad distinta. Su función será modernizar y centralizar procesos que actualmente están repartidos entre edificios construidos y ampliados en épocas diferentes.

La zona de embarque de T1, T2 y T3 también será renovada. El objetivo es mejorar los recorridos, aumentar la capacidad y ofrecer una experiencia más homogénea, manteniendo operativas unas terminales que reciben vuelos nacionales, europeos e intercontinentales.

Esta parte del proyecto puede resultar menos espectacular que una terminal completamente nueva, pero tendrá una gran importancia práctica. Modernizar T1-T2-T3 permitirá repartir mejor el tráfico entre los dos grandes complejos del aeropuerto y evitar que todo el crecimiento futuro dependa de la T4.

Más tren y metro para llegar al aeropuerto

La ampliación no termina en los edificios aeroportuarios. Uno de sus pilares será convertir Barajas en un nodo de transporte mejor conectado.

El acceso ferroviario de alta velocidad desde Chamartín aprovechará parte de la plataforma utilizada actualmente por Cercanías. Esa infraestructura fue construida con vía apta para trenes de ancho convencional y estándar, precisamente para permitir una futura conexión con la red de alta velocidad. En mayo de 2026, Adif anunció la finalización de las obras de plataforma del nuevo acceso ferroviario.

El proyecto aeroportuario también reservará y adaptará espacios para estas nuevas conexiones ferroviarias.

A ello se suma la prevista prolongación de la Línea 5 de Metro hasta T1-T2-T3. Aena y la Comunidad de Madrid firmaron en 2024 un convenio para coordinar la integración de la nueva infraestructura con el aeropuerto.

La intención es que más pasajeros puedan llegar a Barajas en transporte público y que el aeropuerto quede conectado no solo con el centro de Madrid, sino también con la red ferroviaria nacional.

¿Cuánto costará realmente la ampliación?

Las cifras publicadas durante los últimos años pueden generar cierta confusión.

En 2023, Aena estimaba una inversión de alrededor de 2.400 millones de euros para los proyectos de ampliación: aproximadamente 1.700 millones para T4 y T4S y unos 700 millones para T1-T2-T3.

En marzo de 2026, Aena informó de una inversión total propuesta de 4.488 millones de euros en los aeropuertos madrileños dentro del periodo 2027-2031. Esta cantidad incorpora un ámbito más amplio que el presupuesto inicial de las terminales y también incluye actuaciones en Madrid-Cuatro Vientos. Por ello, no sería exacto afirmar que los 4.488 millones se destinarán exclusivamente a ampliar Barajas.

La cifra definitiva dependerá del Documento de Regulación Aeroportuaria 2027-2031, conocido como DORA III. En julio de 2026, este documento todavía se encuentra en tramitación y debe ser aprobado por el Consejo de Ministros, como máximo, en septiembre de 2026.

¿Cuándo comenzarán las obras?

Parte del trabajo ya ha empezado, aunque todavía no sea visible para la mayoría de los pasajeros.

Desde hace años se están realizando estudios funcionales, proyectos de ingeniería y trámites administrativos. En enero de 2026, las actuaciones previstas para T4, T4S y sus plataformas asociadas fueron sometidas a información pública dentro de su evaluación de impacto ambiental.

Las obras más significativas están previstas para el periodo 2027-2031, pero un proyecto de esta escala no se ejecutará de una sola vez. Se dividirá en diferentes contratos y fases, adaptados a la evolución del tráfico y a las necesidades operativas.

Además, Barajas deberá seguir funcionando durante toda la transformación. Eso obligará a abrir y cerrar zonas progresivamente, trasladar servicios, crear recorridos provisionales y coordinar los trabajos con cientos de vuelos diarios.

Por esta razón, es posible que algunas actuaciones se prolonguen más allá de 2031. El DORA establece el periodo principal de inversión, pero no implica necesariamente que todo el proyecto vaya a estar terminado el último día de ese año.

Crecer sin dejar de funcionar

Ampliar un aeropuerto en activo se parece más a reformar una ciudad que a construir un edificio.

Las obras tendrán que convivir con pasajeros, aeronaves, equipajes, trabajadores, carreteras, trenes y sistemas de seguridad que no pueden detenerse. AENA reconoce que los aeropuertos afectados por este ciclo inversor deberán mantenerse abiertos mientras se renuevan, y que la calidad del servicio será uno de los principales desafíos del proceso.

La ampliación también deberá superar los correspondientes controles ambientales. El aeropuerto se encuentra próximo a espacios protegidos vinculados a las cuencas de los ríos Jarama y Henares, y cualquier intervención debe estudiar sus efectos sobre el ruido, la calidad del aire, el agua, la fauna y los municipios cercanos.

El hecho de que las actuaciones previstas se desarrollen dentro de la zona de servicio aeroportuaria reduce la necesidad de ocupar nuevos terrenos, pero no elimina la obligación de evaluar y corregir sus posibles impactos.

El Barajas de las próximas décadas

La próxima ampliación de Madrid-Barajas será menos evidente desde el aire que la inaugurada en 2006. No aparecerán dos nuevas pistas ni un complejo completamente separado del actual.

Su importancia estará en otra parte: más puertas de embarque, plataformas mejor organizadas, terminales con mayor capacidad, sistemas técnicos renovados y conexiones ferroviarias más completas.

Para los pasajeros, el éxito del proyecto debería traducirse en recorridos más sencillos, menos congestión y más opciones para llegar al aeropuerto. Para las aerolíneas, supondrá disponer de más espacio para operar y realizar conexiones. Y para Madrid, permitirá reforzar el papel de Barajas como uno de los grandes puntos de encuentro entre Europa, América Latina y el resto del mundo.

Todavía quedan decisiones, trámites y años de obras por delante. Pero la transformación ya ha comenzado sobre el papel. Después de alcanzar los límites de la ampliación inaugurada hace veinte años, Madrid-Barajas vuelve a prepararse para su siguiente etapa.

Nota: Imagen generada por IA basada en un render de Estudio Lamela Arquitectos.

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